Archivos para Julio de la Rosa

31 horas de viaje increíble

Todo comenzó a las 8 de la mañana. Nos íbamos a Madrid, nuestra primera visita a la capital de este curioso país. A las diez debíamos salir, pero a Nico se le jodió el coche. Al final, con unas llamadas conseguimos recambio, pero tardaría un poco. Nos fuimos a almorzar y Vicente nos explicó cómo se pide un auténtico almuerzo de bar. A las 12 del mediodía nos pusimos en marcha. Paramos a comer casi llegando a los terrenos que domina la Espe (ranza Aguirre), donde degustamos una ensalada de pollo en la que era difícil encontrar a esta preciada ave mediterránea.

A las tres llegamos a Madrid. Gracias a la ayuda de Tom Tom, nos llevó hasta la puerta del Fotomatón Bar. Pero faltaban un par de horas para que abriera, así que primero nos fuimos a tomar café a una bodega de infausto recuerdo para Vicente, donde tuvo una visión que tardará en olvidar. Luego nos echamos al césped de la plaza España y estudiamos los hábitos del madrileños, muy similares al resto de la población mundial.

Por fin Fotomatón abrió sus puertas. Unas cervezas, unas animadas charlas y algún rato esperando a Luca. Llegaron, montamos, probamos y luego a esperar la hora del concierto. Vicente y Carmi reclutaron a Julio de la Rosa en un restaurante chino. No nos lo creíamos, pero ahí estaba delante nuestro un tipo brillante, viendo un concierto de iba andando. Acojonaba. La verdad, un tío muy sencillo y simpático, algo enigmático. Estuvimos charlando un rato con él tras el concierto y cuando se fue caímos en la cuenta de que el pobre había tenido que pagar por vernos, que tiene delito la cosa… Fotomatón genial y Luca también.

Luego, unas copas y a dormir. Gracias a Pablo y Carmen, dos buenos amigos, pudimos dormir en confortables habitaciones de un piso recién estrenado. Y al día siguiente nos prepararon un desayuno de esos que sólo sirven en los hoteles de tres estrellas para arriba. Genial.

Besos, adioses, abrazos y de nuevo en la carretera. Tres horas encerrados en un Audi rumano para recordar que nunca hubiéramos imaginado que iba andando disfrutaría de tantas cosas buenas. Así que las viviremos con todas nuestras energías y aprovecharemos los buenos ratos como nadie. A mediodía en casa, y entonces aparcamos nuestra pequeña vida paralela de músicos y retomamos el día a día de siempre.